Mundo Deportivo
October 14, 2026
¿Habrá ‘plátanos’ gigantes hinchables esta noche en el Etihad, frente al PSG, como se vieron el domingo en Anfield? Probablemente siga la afición del Manchester City satirizando y riéndose de la situación que se ha propiciado en la Premier League.
Mientras el club apela sobre la culpabilidad decretada por una comisión de jueces independiente por sus muchas y reiteradas irregularidades financieras, ellos pueden pasearse, de momento, por los campos, como hicieron en Liverpool, como si no pasara nada, ganando partidos, imponiendo su superioridad gracias a sus fichajes millonarios, como Haaland, Cherki o Doku, y celebrándolo retadoramente frente a todos sus rivales. Una cruel paradoja.
La situación vivida el domingo en Anfield va a obligar a reflexionar, porque el partido devino casi una farsa, ya que fue muy hiriente para la afición de los ‘reds’, diezmados por las bajas de Isak y Gakpo, ver cómo los jugadores del City celebraron con entusiasmo el 0-3 en una de las esquinas del campo, deleitándose provocativamente con el júbilo de sus seguidores, rodeados de esas burlonas bananas inflables, que forman parte de sus irónicos momentos del pasado. Mientras no haya una sanción para la transgresión del club sobre el control económico de la Premier League, la afición del City va a seguir así, bromeando con chanzas imaginativas, que han sido curiosamente una tradición en el club del este de Manchester desde los años 80.
Para quien no conozca la cultura de la afición de los ‘skyblues’, sus burlas espontáneas han formado parte de su tradición y su pasado, en muchos momentos tristes en los que malvivieron en divisiones inferiores y tenían que estar soportando los éxitos del Manchester United, en el lado ‘red’ de la ciudad.
La explicación de esos plátanos inflables tiene su origen hace casi cuatro décadas, en una burla improvisada de un solo seguidor en las gradas del antiguo estadio de Maine Road, que caló en la afición del City. Aquel gesto lúdico dio origen a una identidad de humor autocritico para singularizar al club, fuera entonces de la élite.
Con el tiempo, la broma continuó y se han visto otros hinchables absurdos de animales gigantes en las gradas del Etihad. En su día, se convirtieron en una forma de ironizar y restar dramatismo al fútbol, distanciándose de la tensión y la violencia que a menudo salpicaban los estadios ingleses.
Lo de ahora es mucho más grave, porque la mofa de su afición implica una irregularidad con respecto al resto de clubs. En lugar de mostrar arrepentimiento, el City sigue recreándose con sus victorias, lo que resulta aún más doloroso.
Mientras los seguidores del Liverpool coreaban ‘Cheats’ ‘(tramposos’) o ‘going down’ (‘os vais a segunda’), la realidad les acabó golpeando duro, y el City, aprovechando la expulsión de Gravenberch, desafió a su rival para infligirle una de las derrotas más sangrantes entre ellos en la era de la Premier.
Cada partido puede devenir ahora en una farsa consentida, hasta el día en que se produzca la sanción. Incluso el dj de Anfield se permitió también su particular ironía al cerrar la jornada haciendo sonar ‘Little Lies’, de Fleetwood Mac.
Cada victoria contundente que logre el City, y puede que también cualquier triunfo en la Champions, cada gol que inventen los Haaland, Cherki y compañía, seguirán estando manchados con la sospecha de que todos sus éxitos han llegado incumpliendo las normas. No debería demorarse la sanción. Cuanto más dure la incertidumbre sobre el castigo y tarde la comisión de jueces en anunciarlo, la afición del City y sus jugadores continuarán divirtiéndose.
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